Implantes y su salud
¿Se pueden poner implantes después de la quimioterapia o la radioterapia?
La quimioterapia y la radioterapia no plantean la misma pregunta en cuanto al implante; lo que decide son sus antecedentes oncológicos
Los pacientes que han recibido o están recibiendo tratamiento contra el cáncer suelen llegar a esta página con una sola pregunta, pero detrás hay dos situaciones distintas. La quimioterapia es un tratamiento que afecta a todo el cuerpo; la radioterapia, solo a la zona irradiada. Esta diferencia cambia directamente la decisión del implante. Aquí explicamos qué se valora en cada caso, cómo afecta la radiación al hueso maxilar, por qué hay que esperar a los valores de la sangre y cómo deciden juntos su equipo de oncología y su dentista. Si nos envía a través del formulario su informe de oncología y, si lo tiene, el de radioterapia, el médico los valora y le respondemos por escrito en 24 horas.
Respuesta breve
La quimioterapia y la radioterapia no pueden meterse en el mismo saco. En un paciente que ha terminado la quimioterapia y cuyos valores de sangre considera adecuados el equipo de oncología, el implante suele ser posible. Si ha recibido radioterapia en la cabeza y el cuello, la situación es distinta: la irrigación del hueso maxilar irradiado disminuye de forma permanente, y una cirugía en esa zona conlleva riesgo de osteorradionecrosis. El riesgo varía según la dosis recibida y según si el campo de radiación incluyó el maxilar. La decisión no se toma sin ver su informe de oncología.
- Quimioterapia y radioterapia
- Dos riesgos distintos que se valoran por separado
- El riesgo más serio
- Osteorradionecrosis en el maxilar irradiado
- Con quimioterapia hay que esperar a
- Que el equipo de oncología dé el visto bueno a los valores de sangre
- Qué llevar a la cita
- Informe de alta de oncología y datos del campo de radioterapia
Revisión médica: Dt. Bilge Ilgın · İmplantoloji
Por qué la quimioterapia y la radioterapia dejan huellas distintas en la boca
La quimioterapia es un tratamiento que se reparte por todo el cuerpo a través de la sangre; ataca a las células que se dividen rápidamente y también afecta a la médula ósea. La radioterapia funciona con la lógica contraria: solo afecta a la zona a la que se dirige la radiación. Una radioterapia por un cáncer de cabeza y cuello afecta directamente al maxilar, mientras que una radioterapia en el tórax o el abdomen no tiene casi nada que ver con la decisión del implante. Por eso lo primero que preguntamos no es «¿ha recibido tratamiento contra el cáncer?», sino «¿qué tratamiento, en qué zona y cuándo?».
Durante la quimioterapia, el número de glóbulos blancos y de plaquetas que produce la médula ósea baja de forma pasajera. En esta etapa disminuyen la capacidad del cuerpo para combatir infecciones y la de coagular la sangre, por lo que se aplazan las cirugías programadas. Si procedimientos como una extracción o un implante no son urgentes, se espera a que se recupere el hemograma. Esa recuperación es un proceso que sigue el equipo de oncología, no un umbral que el dentista pueda decidir por su cuenta.
La radioterapia funciona de otra manera. La radiación en la cabeza y el cuello afecta de forma permanente a los vasos y a las células óseas del maxilar. Este efecto persiste cuando termina el tratamiento; incluso años después de la radioterapia, una cirugía en la misma zona puede dar problemas. A diferencia de la quimioterapia, aquí no hay una «recuperación» que esperar, sino un cambio permanente.
La consecuencia más seria de este cambio permanente es la osteorradionecrosis: el hueso de la zona irradiada pierde su capacidad de cicatrizar y el hueso que queda expuesto no se cierra. La extracción dental es uno de los desencadenantes más frecuentes, porque una irrigación ya debilitada no alcanza a reparar el traumatismo del hueso. Por eso, en los pacientes que van a recibir radioterapia en la cabeza y el cuello, se intenta resolver los problemas dentales existentes, si es posible, antes de empezar la radiación.
El riesgo no es el mismo en todos los pacientes de radioterapia. Hay dos factores decisivos: la dosis total que recibió el maxilar y si el campo de radiación incluyó la zona donde se colocaría el implante. No se valora en la misma categoría a un paciente que recibió una dosis baja o cuyo campo de radiación quedó fuera del maxilar que a uno que recibió una dosis alta en el maxilar. Esta información figura en el informe de oncología radioterápica y está en el centro de la decisión del implante.
Algunos medicamentos del tratamiento oncológico son un capítulo aparte. Los bisfosfonatos en dosis altas y algunos fármacos antiangiogénicos que se administran por metástasis óseas o por algunos cánceres de la sangre conllevan riesgo de osteonecrosis de los maxilares relacionada con medicamentos. Pertenecen a la misma familia que el grupo de medicamentos usado para tratar la osteoporosis, pero se usan en dosis mucho más altas y el riesgo cambia en consecuencia. Tenemos una página aparte para los pacientes que toman medicación para la osteoporosis; es importante no confundir las dos situaciones.
Nada de esto significa que la puerta esté cerrada. En un paciente que ha terminado la quimioterapia y cuyos valores de sangre se han normalizado, o en uno que recibió una radioterapia de dosis baja que dejó fuera el maxilar, se puede hablar de implantes. La decisión no depende de una regla única, sino de su informe de oncología y de la exploración. En algunos pacientes, en cambio, el implante no es adecuado por ahora; en ese caso se hablan juntos las soluciones alternativas y el momento adecuado.
En quién se puede plantear y en quién hay que consultar antes a oncología
La distinción siguiente es un marco general. La decisión definitiva se toma tras valorar en conjunto su informe de oncología, los datos de su campo de radioterapia y la exploración.
Cuándo está indicado
- Pacientes que han terminado la quimioterapia y cuyos valores de sangre se han normalizadoUna vez terminado el tratamiento, y cuando el equipo de oncología considera adecuados los glóbulos blancos y las plaquetas, el implante suele poder valorarse.
- Pacientes que han recibido radioterapia fuera de la cabeza y el cuelloUna radioterapia en la mama, la próstata o el abdomen no tiene relación con el hueso maxilar; en este grupo, la decisión del implante no es muy distinta de la de un paciente sin antecedentes de cáncer.
- Pacientes con radioterapia de dosis baja que dejó fuera el maxilarEl informe de oncología radioterápica indica claramente el campo de radiación y la dosis. Si el maxilar quedó fuera de ese campo o la dosis fue baja, el perfil de riesgo es distinto.
- Pacientes con comunicación por escrito con su equipo de oncologíaLa opinión por escrito del equipo de oncología aclara tanto el momento de la cirugía como, si hace falta, la profilaxis antibiótica. Esta colaboración aumenta directamente la seguridad del tratamiento.
Cuándo no está indicado
- Pacientes en quimioterapia activa con valores de sangre bajosCon los glóbulos blancos y las plaquetas bajos, la cirugía programada se aplaza. Eso no significa cancelar el tratamiento, sino esperar el momento adecuado.
- Pacientes que han recibido radioterapia en dosis altas en el maxilarSi el campo y la dosis de radiación incluyen la zona del implante, pasa a primer plano el riesgo de osteorradionecrosis. En este grupo la decisión no la toma solo el dentista, sino junto con oncología radioterápica.
- Pacientes con cáncer que reciben bisfosfonatos en dosis altas o antiangiogénicosEste grupo de medicamentos conlleva riesgo de osteonecrosis de los maxilares relacionada con medicamentos. La decisión quirúrgica no se toma sin la opinión del equipo de oncología que los receta.
- Pacientes en los que aún no se ha valorado la cicatrización tras la radioterapiaComo el efecto de la radiación es permanente, «cuánto tiempo ha pasado» no es por sí solo un criterio suficiente. El estado actual de la zona se valora aparte con exploración y pruebas de imagen.
Cómo es la valoración
En el paciente con antecedentes de tratamiento oncológico, el plan se construye añadiendo una capa más a la valoración estándar del implante.
- 1
Traiga su informe de oncología
El informe de alta, las fechas del tratamiento, los medicamentos utilizados y, si lo hay, el informe de oncología radioterápica. Sin estos documentos no se puede hacer una valoración segura.
- 2
Si recibió radioterapia, aclare el campo de radiación
Qué zona se irradió y con qué dosis figura en el informe de oncología radioterápica. Si no lo tiene, puede pedirlo al centro donde recibió el tratamiento; este dato está en el centro de la decisión.
- 3
Los valores de sangre se valoran con el equipo de oncología
Si ha recibido quimioterapia, el nivel de glóbulos blancos y plaquetas que se considera seguro no se fija con un umbral universal, sino junto con el equipo de oncología que conoce su protocolo de tratamiento.
- 4
Se obtienen imágenes del hueso maxilar con tomografía
El estado actual del hueso en la zona irradiada se valora con una imagen tridimensional. Es el dato más concreto en el que se basa la decisión.
- 5
Se pide la opinión por escrito del equipo de oncología
El momento de la cirugía, la profilaxis antibiótica si hace falta y cualquier riesgo adicional se aclaran junto con la opinión del equipo de oncología.
- 6
Si es adecuado, se hace el plan; si no, una alternativa
Si al final de la valoración hay un momento adecuado para el implante, el plan se construye en función de él. Si no es adecuado, se lo decimos claramente y hablamos de soluciones alternativas.
Opciones de plan que se valoran en este grupo
Estas son las vías que se plantean en pacientes con antecedentes de tratamiento oncológico. Cuál es la adecuada lo determinan sus antecedentes oncológicos y el estado actual de su boca.
Esperar a que termine el tratamiento y a la recuperación
Es la vía más elegida después de la quimioterapia. Cuando los valores de sangre se normalizan, se vuelve a plantear la valoración del implante; ese tiempo de espera no se pierde, porque la salud bucal se sigue vigilando también en esta etapa.
Planificación sin injerto
El injerto óseo supone una cirugía aparte y meses de cicatrización añadidos. Cuando la capacidad de cicatrizar ya está reducida por la radiación, evitar este paso puede ser una ventaja importante; cuando el anclaje se obtiene de la capa dura profunda del maxilar, en la mayoría de los casos no hace falta injerto.
Reducir el número de cirugías
Cada cirugía adicional vuelve a plantear el riesgo de infección y de problemas de cicatrización. Mantener corto el tratamiento significa, en este grupo, acortar el tiempo total de exposición al riesgo.
Sobredentadura sobre implantes
Una solución intermedia, de alcance quirúrgico más limitado, que da estabilidad con pocos implantes. Puede valorarse si el campo de radiación es amplio o el riesgo es alto.
Prótesis completa removible
La vía sin cirugía. En los pacientes con un riesgo alto de osteorradionecrosis, puede ser la opción más segura, al menos durante un tiempo.
Riesgos que conviene conocer
Las siguientes son situaciones más frecuentes sobre todo en pacientes con antecedentes de radioterapia y quimioterapia, y conviene conocerlas de antemano.
Osteorradionecrosis
El hueso del maxilar irradiado pierde su capacidad de cicatrizar y el hueso que queda expuesto no se cierra. Lo desencadenan sobre todo procedimientos quirúrgicos como la extracción dental, y puede aparecer incluso años después de la radioterapia.
Riesgo de infección
Durante la quimioterapia, las defensas se debilitan de forma pasajera. Si se opera en esta etapa, controlar la infección es más difícil; por eso se espera a que se normalicen los valores de sangre.
Riesgo de sangrado
Con las plaquetas bajas es más difícil controlar el sangrado. Algunos pacientes con cáncer toman además anticoagulantes; en ese caso, el riesgo viene de dos fuentes a la vez.
Osteonecrosis de los maxilares relacionada con medicamentos
Es un cuadro distinto que puede aparecer en pacientes que reciben bisfosfonatos en dosis altas o antiangiogénicos. La decisión la tomamos junto con el equipo de oncología que receta el medicamento.
Sequedad de boca
La radioterapia de cabeza y cuello puede afectar a las glándulas salivales y causar sequedad de boca. En una boca seca aumenta el riesgo de caries, de enfermedad de las encías y de hongos.
Cicatrización y seguimiento a largo plazo
En el paciente con antecedentes de tratamiento oncológico, la cicatrización se sigue con más frecuencia y más atención.
Primeros días
La hinchazón y la sensibilidad no son distintas de lo habitual, pero en esta etapa se revisan la zona de la herida y su estado general con más frecuencia de lo normal.
Primera semana
Continúa un seguimiento estrecho por si aparecen signos de infección o sangrado. Cualquier signo fuera de lo esperado debe comunicarse pronto.
Primeros meses
Las revisiones son más frecuentes que en los pacientes sin antecedentes de cáncer. En cada una se vuelve a valorar el estado de los tejidos de la zona irradiada.
A largo plazo
Como el efecto de la radioterapia es permanente, la zona que rodea un implante en el campo irradiado se vigila con regularidad durante años. El riesgo de osteorradionecrosis no disminuye con el tiempo, por eso el seguimiento tiene que ser continuo.
No espere en estos casos
- Si ve hueso expuesto que no se cierra en la zona irradiada. Es la señal típica de la osteorradionecrosis. Duela o no, comuníquelo sin esperar.
- Si tiene fiebre o la hinchazón aumenta. En el paciente con antecedentes de tratamiento oncológico, la infección puede avanzar más rápido. Si la hinchazón se extiende, vaya directamente a urgencias.
- Si el sangrado no se detiene o aumenta. Si tiene las plaquetas bajas o toma anticoagulantes, no le quite importancia al sangrado; llame a su clínica.
- Si durante la quimioterapia aparecen llagas o manchas blancas en la boca. Puede ser una señal de mucositis o de hongos. Avise tanto a su equipo de oncología como a su dentista.
Qué influye en el coste
Los antecedentes de tratamiento oncológico no cambian directamente el precio; lo que afectan es a la valoración adicional y a la intensidad del seguimiento. Estos son los conceptos:
- Valoración adicional con oncología
- Pedir una opinión por escrito y, si hace falta, pruebas adicionales es un paso que en este grupo no se puede saltar y forma parte del proceso.
- Alcance de las pruebas de imagen
- El estado de la zona irradiada se valora en detalle con tomografía; puede ser más amplio que en una valoración estándar del implante.
- Si hacen falta procedimientos adicionales
- Si es posible un plan sin injerto, reduce tanto el coste como el tiempo de cicatrización; si hace falta injerto, se añade como un concepto aparte.
- Frecuencia de las revisiones
- En este grupo las revisiones son más frecuentes; eso hace mayor el concepto de mantenimiento a largo plazo, pero protege directamente la seguridad del implante.
Preguntas frecuentes
¿Se pueden poner implantes después de la quimioterapia?
Por lo general sí, pero no enseguida. En los pacientes que han terminado la quimioterapia y cuyos valores de sangre considera adecuados el equipo de oncología, el implante puede valorarse. Durante la quimioterapia activa, la cirugía programada se aplaza porque el riesgo de infección y de sangrado puede estar en un nivel que no se puede controlar.
¿Se puede extraer un diente a un paciente que ha recibido radioterapia?
Si ha recibido radioterapia en la cabeza y el cuello, esta pregunta se aborda con cuidado. Una extracción en el maxilar irradiado puede aumentar el riesgo de osteorradionecrosis. La decisión se toma teniendo en cuenta la dosis de radiación, el campo irradiado y el estado actual de la zona y, si hace falta, junto con oncología radioterápica.
¿Qué es la osteorradionecrosis? ¿Puede provocarla un implante?
La osteorradionecrosis es la pérdida de la capacidad de cicatrizar del hueso en la zona irradiada, de modo que el hueso expuesto no se cierra. Como la cirugía de implantes, igual que una extracción, es un procedimiento que traumatiza el hueso, conlleva este riesgo en un maxilar que ha recibido dosis altas de radiación. El riesgo no es el mismo en todos los pacientes; varía según la dosis y el campo de radiación.
¿Cuánto tiempo después de terminar la quimioterapia me pueden poner implantes?
No hay un plazo fijo. Lo decisivo no es el calendario, sino que el equipo de oncología considere adecuados sus valores de sangre. Esta decisión se toma junto con el equipo de oncología que conoce su protocolo de tratamiento.
¿Qué importancia tiene la dosis de radioterapia en la decisión del implante?
Muchísima. La dosis total que recibió el maxilar y si el campo de radiación incluyó la zona del implante determinan directamente el riesgo de osteorradionecrosis. Esta información figura en el informe de oncología radioterápica, y el primer paso de la valoración es ver ese informe.
¿Qué hago si me duele una muela durante la quimioterapia?
Aunque sus valores de sangre estén bajos, un problema dental urgente no se aplaza, pero el procedimiento se hace en coordinación con su equipo de oncología. Informe tanto a su equipo de oncología como a su dentista; entre los dos determinan la vía más segura.
Tomo medicación para la osteoporosis y también estoy en tratamiento contra el cáncer, ¿es arriesgado el implante?
Los bisfosfonatos en la dosis que se usa para la osteoporosis no tienen el mismo nivel de riesgo que los bisfosfonatos en dosis altas y los antiangiogénicos del tratamiento oncológico. Qué medicamento toma y en qué dosis influye directamente en la decisión del implante; tratamos este tema aparte en nuestra página sobre osteoporosis e implantes.
¿Cualquier radioterapia impide ponerse implantes?
No. Una radioterapia fuera de la cabeza y el cuello no tiene relación con el hueso maxilar. En una radioterapia que dejó fuera el maxilar o que se aplicó en dosis bajas, el implante suele poder valorarse igual que en un paciente sin antecedentes de cáncer.
Fuentes
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