Implantes y su salud

Miedo al dentista e implantes con sedación

La mayoría de quienes llevan años aplazándolo no temen al dolor, sino a dos cosas: perder el control y sentirse juzgados

Algunos de los lectores que llegan a esta página quizá lleven más de diez años sin ir al dentista. El motivo no suele ser la dejadez, sino una mala experiencia del pasado, la sensación de perder el control en el sillón o la vergüenza por el estado de la boca. Las tres cosas pueden manejarse y las tres tienen soluciones conocidas. En esta página explicamos de dónde viene el miedo, qué opciones de sedación existen y el tema que más se confunde: la diferencia entre dormir al paciente y sedarlo.

Respuesta breve

El miedo al dentista es frecuente y tiene tratamiento. Su manejo tiene tres escalones: la comunicación y devolver el control al paciente, eliminar por completo el dolor y, si hace falta, la sedación. La sedación no es dormir al paciente; usted está consciente y responde a las preguntas, pero está relajado y en la mayoría de los casos no recuerda la intervención. La anestesia general, en cambio, es un procedimiento distinto que requiere unas condiciones adecuadas y un anestesiólogo.

Origen más frecuente
Una mala experiencia anterior, la pérdida de control, la vergüenza
Qué es la sedación
Está consciente y relajado; en la mayoría de los casos no lo recuerda
¿La sedación es dormir al paciente?
No; la anestesia general es un procedimiento distinto
Necesario ese día
Un acompañante que le lleve a casa

Revisión médica: Dt. Bilge Ilgın · İmplantoloji

De dónde viene el miedo y cómo se resuelve

El miedo al dentista va desde una ligera inquietud hasta quedarse sin dormir solo de pensar en el día de la cita. Su origen no suele ser una sola cosa. Los tres motivos que más se cuentan son estos: una experiencia dolorosa en el pasado, la sensación de perder el control estando tumbado en el sillón y el miedo a ser juzgado por el estado de la boca. Cada uno tiene su propia solución, y ninguno se resuelve diciendo «no tenga miedo».

La experiencia dolorosa del pasado no tiene que ver con la odontología actual. Si hace años vivió una intervención en la que no le durmieron bien la zona, su cerebro trae esa experiencia al presente. Con los métodos actuales, la zona se insensibiliza primero con un gel tópico, el anestésico se administra despacio y solo se empieza la intervención después de comprobar que la anestesia es suficiente. Es decir, el dolor es el aspecto sobre el que más control se tiene.

La sensación de perder el control es otro tema, y su solución no es técnica, sino de organización. Explicar la intervención desde el principio, decir cuánto va a durar y acordar una señal con la mano reduce claramente esa sensación: cuando levanta la mano, se para. Este sencillo acuerdo le muestra a quien se tumba en el sillón que el control lo tiene él, y en muchos pacientes hace que ni siquiera sea necesaria la sedación.

El tercero, y del que menos se habla, es la vergüenza. La mayoría de los pacientes que llevan mucho tiempo sin ir al dentista creen que van a ser juzgados por el estado de su boca, y esa idea hace que lo aplacen cada vez más: cuanto peor está la boca, más cuesta ir. Lo decimos con claridad: nuestro trabajo consiste precisamente en resolver estas situaciones. Una boca que ha pasado años esperando es un caso habitual para nosotros, y a nadie se le sermonea por su pasado.

La sedación entra en juego cuando estos escalones no bastan o cuando el paciente la prefiere desde el principio. El tema que más se confunde es este: la sedación no es dormir al paciente. Usted está consciente, responde a las preguntas y respira por sí mismo; pero está en un estado de relajación profunda y, en la mayoría de los casos, no recuerda la intervención. La percepción del tiempo cambia; una intervención de horas se le hace muy corta al paciente.

La anestesia general, en cambio, es un procedimiento totalmente distinto: la conciencia está anulada, la respiración recibe asistencia y se necesitan un anestesiólogo y un equipamiento adecuado. En los tratamientos dentales rara vez se elige y solo se plantea en determinadas condiciones. Lo que se describe como «hacerse los dientes dormido» suele referirse, en realidad, a la sedación; confundir las dos lleva a acudir con expectativas equivocadas.

Qué método conviene a cada persona

La distinción siguiente es el marco dentro del cual se decidirá conjuntamente en la consulta. La sedación no es una obligación, sino una opción.

Cuándo está indicado

  • Personas cuya ansiedad puede manejarse con comunicaciónEn una parte importante de los pacientes basta con explicar la intervención, acordar una señal con la mano y hacer pausas. La ventaja de esta vía es clara: sin medicación adicional, sin necesidad de acompañante y con vuelta a la vida normal el mismo día.
  • Pacientes con ansiedad que se beneficiarán de la sedaciónEn pacientes que se quedan sin dormir pensando en el día de la cita, a los que se les acelera el corazón en el sillón o que en el pasado dejaron una intervención a medias, la sedación cambia la situación por completo. También permite completar sesiones largas en una sola cita.
  • Personas con un reflejo nauseoso fuerteEn pacientes que tienen arcadas al tomar impresiones o cuando se trabaja en la zona posterior, la sedación puede ser la única forma de hacer posible la intervención. Es un motivo que no tiene que ver con el miedo, pero con el mismo resultado.
  • Pacientes con una sesión larga previstaEn los planes de arcada completa, la cirugía puede alargarse. La sedación permite trabajar cómodamente tanto al paciente como al equipo; para el paciente, las horas pasan como minutos.

Cuándo no está indicado

  • Personas que no pueden conseguir un acompañanteDespués de la sedación no puede conducir y no es adecuado que vuelva solo a casa. Si no hay un adulto que le lleve, ese día no se aplica la sedación; es una norma que no admite excepciones.
  • Personas con determinados cuadros sistémicosLa apnea del sueño, las enfermedades avanzadas del corazón o de los pulmones, algunos medicamentos y el embarazo influyen directamente en la decisión sobre la sedación. Esta valoración se hace junto con la opinión del médico correspondiente.
  • Personas que no pueden cumplir la indicación de ayunoAntes de la sedación se pide estar en ayunas durante un tiempo determinado. Si no se cumple esta indicación, la intervención no puede hacerse ese día. En cuadros en los que el ayuno no es fácil, como la diabetes, el plan se organiza aparte.
  • Quienes creen que la sedación es la única soluciónLa sedación no trata el miedo; gestiona esa sesión. Si quiere construir a largo plazo una buena relación con el dentista, poder hacer sin sedación las siguientes intervenciones sencillas también debería ser un objetivo. Un buen plan lo tiene en cuenta.

Cómo se avanza paso a paso

En un paciente con miedo, el proceso no empieza con la exploración, sino con una conversación.

  1. 1

    Primero, hablar; después, explorar

    En la primera cita puede limitarse a hablar, sin hacer ninguna intervención. Contar de qué tiene miedo, qué vivió en el pasado y qué le tranquiliza es el primer paso del plan. Pedir una conversación sin sentarse en el sillón es una petición normal.

  2. 2

    Explicar la intervención desde el principio

    Qué se va a hacer, cuánto va a durar, qué va a sentir y qué ruidos va a oír. La incertidumbre es lo que más agranda el miedo; una intervención explicada se lleva mucho mejor que una que no lo está.

  3. 3

    Acordar una señal con la mano

    Cuando levanta la mano, la intervención se para. Este sencillo acuerdo le da el control y, por sí solo, reduce claramente la ansiedad en muchos pacientes. Que el acuerdo se respete es tan importante como el propio acuerdo.

  4. 4

    Eliminar por completo el dolor

    Primero se insensibiliza la zona con un gel tópico, el anestésico se administra despacio y se empieza tras comprobar que la anestesia es suficiente. Si durante la intervención nota algo, lo dice y se completa la dosis. El dolor no es algo negociable.

  5. 5

    Preparación si se prevé sedación

    Se valoran sus antecedentes médicos y sus medicamentos, se le indica el tiempo de ayuno y se le pide que organice un acompañante. Durante el procedimiento se vigilan su pulso y su nivel de oxígeno.

  6. 6

    La intervención y después

    Bajo sedación está consciente, pero relajado; en la mayoría de los casos no recuerda la intervención. Después se le da un tiempo de descanso y se va a casa con su acompañante. Ese día no conduce, no toma decisiones importantes ni bebe alcohol.

Opciones para tranquilizarse

Las siguientes opciones van de la más ligera a la más intensa. En la mayoría de los pacientes nunca hace falta llegar a los escalones superiores.

01

Comunicación y acuerdo de control

Explicar la intervención, la señal con la mano, las pausas y la música. Es la vía más ligera y la que más a menudo funciona. No requiere ningún medicamento y se vuelve a la vida normal el mismo día.

02

Aplicar bien la anestesia local

Gel tópico, inyección lenta y comprobación de la anestesia. En pacientes con miedo a las agujas, estos tres pasos cambian claramente la situación.

03

Sedante por vía oral

Con un medicamento suave que se toma antes de la intervención se consigue relajación. Su efecto varía de una persona a otra y después no se puede conducir. Puede elegirse en casos de ansiedad leve o moderada.

04

Sedación intravenosa

Su efecto es más predecible y su profundidad puede ajustarse durante la intervención. La conciencia se mantiene, se hace una monitorización y el paciente, en la mayoría de los casos, no recuerda la intervención. Es la vía que más se elige en sesiones largas y en la ansiedad intensa.

05

Anestesia general

El procedimiento en el que la conciencia está anulada y que requiere un anestesiólogo y un equipamiento adecuado. En los tratamientos dentales se plantea rara vez y en determinadas condiciones. Es una opción distinta que no debe confundirse con la sedación.

Lo que conviene saber

Lo siguiente recoge tanto los hechos sobre la sedación como el precio de aplazar el tratamiento.

El precio de aplazarlo se paga con hueso

Cada año que pasa por miedo no facilita el tratamiento. En la zona del diente perdido el hueso se reabsorbe y, cuanto más se espera, menos opciones quedan y más grande se vuelve el tratamiento. La cita más difícil es la primera; después todo es más fácil.

La sedación no es dormir al paciente

Está consciente y responde a las preguntas. El paciente que llega esperando «no voy a sentir nada, voy a estar dormido» ha entendido mal el procedimiento. Tener la expectativa correcta es la mitad de que la experiencia vaya bien.

Las normas del acompañante y del ayuno no se flexibilizan

No son normas de comodidad, sino de seguridad. Si no se cumplen, la intervención no puede hacerse ese día, y no es que la clínica ponga pegas: las dos existen para evitar consecuencias graves.

La sedación no cura el miedo

Gestiona esa sesión. Construir a largo plazo una buena relación con el dentista es fruto de ir acumulando experiencias positivas. Un buen plan se propone también que las siguientes intervenciones sencillas puedan hacerse sin sedación.

Después de la sedación

El tiempo que tarda en pasar el efecto varía según la persona y el método utilizado; las normas son las mismas.

  1. Primeras horas

    Descansa un rato en la clínica y se vigila su estado. Al ponerse de pie puede notar mareo. Se va a casa con su acompañante; no es adecuado usar el transporte público ni viajar solo.

  2. El día de la intervención

    No conduzca, no maneje maquinaria, no tome decisiones importantes ni beba alcohol. Si es posible, que alguien esté con usted ese día. Las indicaciones posteriores a la cirugía se le dan aparte y por escrito.

  3. Al día siguiente

    En la mayoría de los pacientes el efecto ha pasado por completo y se vuelve a la vida normal. La recuperación de la propia intervención sigue su curso aparte; la hinchazón y la sensibilidad son esperables en los primeros días.

  4. Citas siguientes

    Cuando la primera experiencia va bien, la mayoría de los pacientes puede optar por un método más ligero en las siguientes intervenciones. Ese es el resultado que busca el plan: que el miedo se haga más pequeño con el tiempo.

No espere en estos casos

  • Si después de la sedación tiene mareo o náuseas que se prolongan. Un cansancio breve es normal; una molestia clara que dura horas debe comunicarse. Llame a su clínica y explique lo que le ocurre.
  • Si tiene dificultad para respirar, dolor en el pecho o confusión. No es motivo para pedir cita en la clínica, sino una urgencia. No espere: llame al 112.
  • Si le entra pánico antes de la cita. En lugar de cancelar la cita, llame y cuéntelo. El plan puede cambiarse: una conversación más breve, añadir sedación o dividir la intervención. Una cita cancelada es un miedo sin resolver.
  • Si tiene algún problema con el ayuno o con el acompañante. Avise con antelación. Como estas dos normas no se flexibilizan, un problema que surja el día de la cita obliga a aplazar la intervención; si se habla antes, el plan se organiza en consecuencia.

Partidas que influyen en el coste

Los métodos para tranquilizar al paciente pueden ser partidas aparte del tratamiento y conviene hablar de ellos desde el principio. Estos son los factores que lo determinan:

El método elegido
La comunicación y una anestesia local bien aplicada no suponen ninguna partida adicional. El sedante oral, la sedación intravenosa y la anestesia general, en cambio, se presupuestan por separado.
Duración de la intervención
La sedación puede calcularse según el tiempo. En una cirugía larga de arcada completa, esta partida es mayor que en una intervención corta.
Monitorización y personal adicionales
Mientras se aplica la sedación se hace una monitorización y, si es necesario, hay personal adicional. Forma parte de la seguridad y no es una partida en la que recortar.
Agrupar sesiones
Que la sedación permita hacer varias intervenciones en una sola cita puede reducir el número total de sesiones y, con ello, el coste del viaje y de los días libres.

Preguntas frecuentes

¿Puedo ponerme implantes dormido?

Lo que la mayoría de los pacientes quiere decir es sedación, y con ella usted sigue consciente; está relajado y responde a las preguntas, pero en la mayoría de los casos no recuerda la intervención. La anestesia general, en la que la conciencia se anula por completo, es un procedimiento distinto y requiere un anestesiólogo y un equipamiento adecuado.

¿Sentiré dolor con la sedación?

No. La sedación relaja, pero no insensibiliza; lo que elimina el dolor sigue siendo la anestesia local, que también se aplica junto con la sedación. Una no sustituye a la otra; funcionan juntas.

Llevo diez años sin ir al dentista y tengo la boca muy mal. Me da vergüenza.

Oímos mucho esta frase y queremos que sepa que nuestro trabajo consiste precisamente en resolver estas situaciones. A nadie se le sermonea por su pasado. Y le decimos algo más: el precio de aplazarlo se paga con hueso, es decir, cada año complica un poco más la situación. La cita más difícil es la primera.

Me dan miedo las agujas, ¿hay otra forma?

El miedo a las agujas es muy frecuente y se puede manejar. Primero se insensibiliza la zona con un gel tópico, el anestésico se administra despacio y la mayoría de los pacientes no nota la entrada de la aguja. Si esto no basta, la anestesia local puede aplicarse bajo sedación; no recordará ese momento.

¿Puedo ir a trabajar después de la sedación?

No; ese día no debe conducir ni tomar decisiones importantes. Tiene que haber un acompañante que le lleve a casa. En la mayoría de los pacientes, al día siguiente el efecto ha pasado por completo; la recuperación de la propia intervención sigue su curso aparte.

Tengo ataques de pánico, ¿la sedación es adecuada para mí?

En la mayoría de los casos sí, y facilita claramente las cosas. Tiene que informar de los medicamentos que toma y del médico que le hace el seguimiento; algunos medicamentos influyen en el plan de sedación. La valoración se hace de forma conjunta.

En la primera cita, ¿podemos solo hablar sin hacer nada?

Sí, y a los pacientes con miedo se lo recomendamos. Empezar hablando de lo que se va a hacer, sin sentarse en el sillón, es una petición normal. También es posible hacer una valoración previa a distancia enviándonos su radiografía; dar el primer paso con la menor exigencia posible funciona.

Fuentes

Páginas relacionadas

Siguiente paso

Envíe su radiografía y revisamos juntos las opciones.

Comparta su CBCT o su radiografía panorámica. En 24 horas le escribimos qué opción es realista para su diente.

Solicitar