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Hipodoncia y oligodoncia: ¿cómo se plantea el plan de boca completa cuando faltan dientes de nacimiento?

Cuántos dientes no llegaron a desarrollarse determina el método; en qué punto está el crecimiento determina el calendario.

Algunas personas no llegan a formar uno o dos dientes definitivos; a otras les falta media boca. La odontología no llama igual a estos dos cuadros: la ausencia de menos de seis dientes se llama hipodoncia; la de seis o más, oligodoncia, y la falta de desarrollo de todos los dientes, anodoncia. Aquí el límite no es solo un número. A medida que aumenta el número de dientes ausentes, cambian también el desarrollo del hueso maxilar, la masticación, el habla y lo que el tratamiento puede hacer a cada edad. A continuación hemos reunido lo que muestra la literatura sobre este cuadro, por qué el plan es un calendario que se extiende durante años y en qué punto de ese calendario encaja el implante.

Respuesta breve

La hipodoncia es la falta de desarrollo de menos de seis dientes definitivos, sin contar las muelas del juicio; seis o más es oligodoncia, y la ausencia total de dientes, anodoncia. Cuantos más dientes faltan, menos se desarrolla el hueso alveolar del maxilar, porque ese hueso se forma junto con el diente que erupciona. Por eso el tratamiento no es un único procedimiento, sino un calendario que va de la infancia a la edad adulta: mientras dura el crecimiento se usan mantenedores de espacio, prótesis removibles y ortodoncia, y la solución definitiva se plantea al terminar el crecimiento. En las revisiones, la supervivencia de los implantes es claramente mayor en adultos que en niños.

Límites
Hipodoncia: menos de seis dientes; oligodoncia: seis o más; anodoncia: ningún diente
Frecuencia
En Europa, 6,3 % en mujeres y 4,6 % en hombres; oligodoncia no sindrómica, 0,14 %
Dientes ausentes más frecuentes
Segundo premolar inferior, incisivo lateral superior, segundo premolar superior
Criterio para el implante
No la edad según el calendario, sino el final del crecimiento; supervivencia en adultos del 97,4 %

Revisión médica: Dt. Bilge Ilgın · İmplantoloji

Hipodoncia, oligodoncia, anodoncia: límites y cifras

Un diente ausente de nacimiento no es un diente perdido después; el germen de ese diente nunca llegó a formarse. La clasificación actual usa tres categorías. Sin contar las muelas del juicio, la ausencia de menos de seis dientes definitivos se llama hipodoncia; la de seis o más, oligodoncia, y la falta de desarrollo de todos los dientes, anodoncia. Las muelas del juicio se dejan aparte por su frecuencia: en una revisión, la ausencia de muelas del juicio se sitúa en el 22,6 %, y en las poblaciones asiáticas en el 29,7 %. Es decir, a quien no tiene muelas del juicio no se le considera una excepción.

Sin contar las muelas del juicio, la frecuencia de ausencias en los dientes definitivos varía entre estudios del 2,6 % al 11,3 %. Un metaanálisis en poblaciones de raza blanca da para Europa un 4,6 % en hombres y un 6,3 % en mujeres; para Australia, un 5,5 % y un 7,6 %, y para Norteamérica, un 3,2 % y un 4,6 %. En las mujeres, la frecuencia es 1,37 veces la de los hombres. El diente que falta con más frecuencia es el segundo premolar inferior, seguido del incisivo lateral superior y del segundo premolar superior. Es más habitual que la ausencia sea unilateral que bilateral, pero en el incisivo lateral superior ocurre lo contrario.

El mismo metaanálisis indica que al 83 % de las personas con dientes ausentes de nacimiento solo les faltan uno o dos. El extremo grave del cuadro afecta a un grupo más reducido de lo que parece: la proporción que se da para la oligodoncia no asociada a un síndrome es del 0,14 %, es decir, alrededor de una vez y media por cada mil personas. Este texto se centra en ese extremo reducido. Hablamos de situaciones en las que no se trata tanto de cerrar un hueco como de reconstruir la boca en su conjunto.

La causa es en gran medida genética. Los genes que más se mencionan hoy son EDA, MSX1, WNT10A y PAX9, a los que se suman otros como TSPEAR, LRP6, PITX2 y GREM2. Un mismo gen puede causar en algunas familias solo la ausencia de dientes y en otras acompañar a un síndrome. Por eso el límite entre si es aislado o forma parte de un síndrome no siempre es nítido. Aun así, la forma de ausencia dental no asociada a un síndrome es la más frecuente.

Entre los síndromes, el que más interesa a la odontología es la displasia ectodérmica. La displasia ectodérmica hipohidrótica se define por la tríada de pelo escaso, sudoración claramente reducida y ausencia de dientes. Como la sudoración es insuficiente, con el calor la temperatura corporal puede subir; es una cuestión de seguridad que va antes que la boca. En la boca aparecen pocos dientes, a menudo con la forma alterada y en punta, que erupcionan más tarde de lo habitual. El cuadro se transmite ligado al cromosoma X a través del gen EDA; también se ha descrito una herencia recesiva o dominante a través de EDAR, EDARADD y WNT10A.

Si hay un síndrome, el plan deja de ser solo un plan dental. Las recomendaciones de atención para la displasia ectodérmica hipohidrótica incluyen empezar las revisiones dentales al año de edad y repetirlas cada seis a doce meses, dar forma a los dientes en punta, ortodoncia cuando haga falta y renovar las prótesis según el crecimiento, a menudo cada dos años y medio. Si hay dificultades para masticar y tragar, el asesoramiento nutricional también figura en la lista. Es decir, el tratamiento no es una cita aislada, sino un programa de seguimiento que empieza en la infancia.

La respuesta a por qué el hueso maxilar se desarrolla poco está en el propio desarrollo. El hueso alveolar, a diferencia del hueso basal del maxilar, es una estructura que se forma junto con el diente que erupciona. Donde el diente nunca se desarrolló, ese hueso tampoco llega a formarse. La revisión sistemática sobre el tema lo dice claramente: una zona con ausencia congénita de dientes no se parece a la zona de implante de un paciente que perdió el diente después; la anchura y a menudo la altura faltan desde el principio, y ese hueso nunca ha estado ahí. De ahí que, en estos pacientes, añadir hueso no sea una excepción, sino un paso habitual.

La segunda razón es el crecimiento. Un implante integrado en el hueso se queda donde está mientras el maxilar que lo rodea crece, y con los años puede quedar por debajo del plano de masticación de los dientes vecinos. La misma revisión recoge como problema un desfase posterior de alrededor de 1 milímetro en implantes colocados en la infancia en la zona de los incisivos superiores; en casos descritos de forma aislada llegó a 2,2 milímetros. Por eso, el criterio para la solución definitiva no es la fecha de nacimiento, sino que el crecimiento haya terminado.

A quién le afecta este cuadro

La distinción siguiente no sirve para seleccionar pacientes, sino para mostrar qué le dice el tema a cada persona. Nada de ello sustituye a la exploración ni a la valoración de su propio médico.

Cuándo está indicado

  • Adultos que han terminado de crecer y a los que no se les desarrollaron muchos dientesSi ha llegado a la edad adulta con un cuadro de oligodoncia o anodoncia, los datos sobre implantes de la literatura hablan directamente de usted. La decisión no depende solo del número de dientes ausentes, sino del estado de los dientes y del hueso que quedan.
  • Quienes pasaron la adolescencia con prótesis removiblesEn una revisión sistemática sobre displasia ectodérmica, las prótesis removibles completas o parciales aparecen como el enfoque estándar en niños de 2 a 17 años. Para muchas personas que han crecido con estas prótesis, la edad adulta es el momento en que por primera vez puede plantearse una solución fija.
  • Quienes llegan a la edad adulta con dientes de lecheComo debajo nunca se formó el diente definitivo, el diente de leche puede quedarse en la boca durante años. En la revisión, la supervivencia de los dientes de leche conservados es del 89,6 % y su tasa anual de fracaso es menor que la de los implantes. Pero en el mismo cuadro la tasa de éxito es del 51,8 %: es decir, en uno de cada dos dientes que se quedan en boca se describe algún problema, como anquilosis, reabsorción de la raíz o quedar por debajo del plano de masticación. Que el diente siga ahí no significa que esté sin problemas.
  • Quienes tienen un cuadro parecido en la familiaLa ausencia de dientes puede repetirse en la misma familia. Si a los dientes ausentes se suman diferencias en el pelo, las uñas, la piel o la sudoración, la valoración no se limita a la odontología; en ese punto entra en juego el asesoramiento genético.

Cuándo no está indicado

  • Niños y adolescentes que siguen creciendoEn este grupo de edad, la decisión la toman el propio dentista y el ortodoncista del niño, junto con el equipo de odontopediatría cuando hace falta. No es nuestro ámbito. La información de esta página es para facilitarle la conversación con ese equipo.
  • Quienes tienen uno o dos dientes ausentesSi el espacio debe cerrarse con ortodoncia o abrirse a la anchura adecuada y rellenarse es otro debate, y la respuesta la tiene el ortodoncista que mira la boca en su conjunto. Hable de esta decisión con su propio médico.
  • Quienes esperan una solución fija sin añadir huesoEn una zona con ausencia congénita de dientes hay poco hueso desde el principio. En la literatura se describe que, en pacientes adultos con displasia ectodérmica, hasta ocho implantes por arcada se colocaron a menudo tras procedimientos para añadir hueso. Qué hace falta y qué no solo se sabe con una imagen tridimensional.
  • Quienes creen que una prueba genética es una decisión de tratamientoSaber qué gen es el responsable no cambia, en la mayoría de los casos, el plan de prótesis. El valor real de la valoración genética es sacar a la luz un síndrome que haya pasado desapercibido y dar información útil para la familia.

De la infancia a la edad adulta: el calendario del plan

El orden siguiente es un marco general. Varía según cuántos dientes falten, si hay un síndrome asociado y en qué punto está el crecimiento.

  1. 1

    Diagnóstico precoz e inventario

    La ausencia suele notarse en la época del recambio de los dientes de leche: el diente de leche no se cae, o se cae y no sale otro en su lugar. En la radiografía se cuentan los gérmenes presentes. En la displasia ectodérmica, las recomendaciones de atención piden empezar las revisiones dentales al año de edad y repetirlas después cada seis a doce meses.

  2. 2

    Mantener la función durante la etapa de crecimiento

    En esta etapa el objetivo no es una solución definitiva, sino que la masticación, el habla y el aspecto se mantengan de forma adecuada a la edad. En la revisión sobre displasia ectodérmica, las prótesis removibles completas o parciales aparecen como el estándar entre los 2 y los 17 años; si hay más de seis dientes por arcada, también se usan puentes adhesivos. Las prótesis se renuevan a medida que el niño crece, a menudo cada dos años y medio.

  3. 3

    La decisión de la ortodoncia

    ¿Se cerrará el espacio o se abrirá a la anchura adecuada y se conservará para rellenarlo más adelante? Esta decisión condiciona cada paso posterior. Mantener el espacio abierto también tiene un precio: la revisión del campo señala que, en un espacio conservado para un futuro implante o abierto con ortodoncia, el hueso alveolar puede reabsorberse con el tiempo tanto en altura como en grosor.

  4. 4

    Opciones del periodo intermedio

    Mientras continúa el crecimiento, destacan conservar el diente de leche y, en los casos adecuados, trasplantar un diente a otro lugar dentro de la boca. En la revisión, la supervivencia de los dientes trasplantados es del 94,4 % con una tasa anual de fracaso del 1,061 %; en los dientes de leche conservados, del 89,6 % y del 0,908 %. Ambas están por debajo de la tasa anual de fracaso de los implantes (3,317 %). Esta comparación hay que leerla con cautela: la propia revisión señala que los tiempos de seguimiento de los grupos no eran iguales y que parte de la diferencia puede deberse a eso.

  5. 5

    Fin del crecimiento

    El criterio para la solución definitiva no es la fecha de nacimiento, sino demostrar que el desarrollo esquelético ha terminado. Este seguimiento es trabajo del ortodoncista. Las cifras explican por qué se espera: en la revisión, la supervivencia de los implantes es del 72,4 % en niños menores de 13 años, del 93,0 % en adolescentes menores de 18 y del 97,4 % en adultos.

  6. 6

    Solución definitiva en la edad adulta

    La elección se hace en función de la boca en su conjunto: el estado de los dientes que quedan, la anchura y la altura del hueso y lo que hay en la arcada opuesta. En la literatura se describen, en pacientes adultos con displasia ectodérmica, soluciones fijas o removibles con hasta ocho implantes por arcada. Si es un adulto que ha terminado de crecer y le faltan muchos dientes, si su situación actual es adecuada para una solución fija lo dice el médico que ve la imagen tridimensional; si nos escribe a través del formulario de solicitud, el equipo clínico le llama y escucha su caso.

Las opciones y las cifras de la literatura

Las proporciones siguientes proceden de una revisión sistemática de pacientes con dientes ausentes de nacimiento. La mayoría de los estudios de la revisión son retrospectivos y con seguimientos distintos; lea las cifras no como una clasificación exacta, sino como una idea del orden de magnitud.

01

Cierre del espacio con ortodoncia

Cuando se cierra el espacio, no entra ninguna pieza artificial en la boca y la carga de mantenimiento a largo plazo no aumenta. En cambio, en la revisión, la satisfacción de los pacientes con esta opción fue la más baja, con un 65,5 %. En los casos adecuados es la vía que menos mantenimiento requiere, pero no es posible en todas las bocas.

02

Conservación del diente de leche

Supervivencia del 89,6 %, tasa anual de fracaso del 0,908 %; en cambio, tasa de éxito del 51,8 %. En la revisión figura como una opción adecuada para niños y adolescentes. El punto que hay que vigilar es si el diente de leche queda por debajo del plano de masticación.

03

Trasplante del diente dentro de la boca

Consiste en trasplantar al hueco un diente adecuado de la propia boca. En la revisión, la supervivencia es del 94,4 %, la tasa de éxito del 82,5 % y la tasa anual de fracaso del 1,061 %. Su punto fuerte es que, al ser un diente propio, puede mantenerse en su sitio en un maxilar en crecimiento; no en todas las bocas hay un diente adecuado para trasplantar.

04

Puente convencional y prótesis removible

En la revisión, la supervivencia más baja es la de este grupo: 60,2 %, con una tasa anual de fracaso del 5,144 %. La satisfacción de los pacientes es del 76,6 %. Aun así, en la etapa de crecimiento es imprescindible, porque se puede renovar y adaptarse a los cambios del maxilar.

05

Implante

En la revisión, la supervivencia de los implantes es del 95,3 %, la de la prótesis sobre ellos del 97,8 % y la satisfacción de los pacientes del 93,4 %. El cuadro cambia según el grupo de edad: 72,4 % por debajo de los 13 años, 93,0 % por debajo de los 18 y 97,4 % en adultos. La conclusión de la revisión es esta: leyendo juntos los resultados generales y los descritos por los pacientes, el mejor resultado lo da el implante, pero no en niños menores de 13 años.

Los puntos débiles del plan

En este cuadro, las cosas no suelen torcerse por un único error, sino porque se desajusta el momento. Destacan seis apartados.

Un implante colocado pronto puede quedarse atrás

El implante se integra en el hueso y no se desplaza con el maxilar. En la revisión se describe como problema un desfase de alrededor de 1 milímetro en implantes colocados en la infancia en la zona de los incisivos superiores, que en casos aislados llega a 2,2 milímetros. Esto puede obligar a renovar la corona más adelante.

Las zonas con hueso añadido pierden más hueso

En pacientes con oligodoncia seguidos durante más de diez años, la mayor pérdida de hueso alrededor del implante se vio en los implantes colocados en zonas donde se había añadido hueso. Añadir hueso no deja de ser una opción, pero cambia la frecuencia del seguimiento.

La inflamación alrededor del implante no es rara en este grupo

En ese mismo estudio de seguimiento largo, la inflamación de la encía alrededor del implante se encontró en el 65,4 % y la periimplantitis con pérdida de hueso en el 16,1 %; el resumen no aclara si estas proporciones se refieren a implantes o a personas. Aunque la supervivencia es buena, la carga de mantenimiento continúa.

La prótesis puede tener que renovarse antes que el implante

Las descripciones de casos con seguimiento largo muestran una necesidad de mantenimiento continuo, incluida la renovación de las prótesis. Al leer un plan hay que fijarse no solo en la solución inicial, sino también en qué habrá que renovar dentro de diez años.

Mantener el espacio durante años tiene un precio

En un espacio conservado para un futuro implante o abierto con ortodoncia, el hueso alveolar puede perder con el tiempo tanto altura como grosor. Por eso, la decisión entre abrir y cerrar el espacio es una decisión que se toma pronto, no una que se aplaza.

Un síndrome que pasa desapercibido

Pocos dientes y en punta pueden ser a veces el primer signo visible de una displasia ectodérmica hipohidrótica. Como la escasa sudoración puede hacer que la temperatura corporal suba con el calor, aquí no está en juego solo la boca. Es una de las situaciones en las que los hallazgos dentales deben comunicarse a un pediatra.

Seguimiento: esto no termina en una cita

Cuando faltan dientes de nacimiento, el tratamiento no es un hecho puntual, sino un programa. Los intervalos siguientes son un marco general; varían según la persona y el cuadro.

  1. Infancia y adolescencia

    Las recomendaciones para la displasia ectodérmica piden repetir las revisiones dentales cada seis a doce meses. Las prótesis se renuevan según el crecimiento, a menudo cada dos años y medio. En esta etapa, tomar nuevas impresiones y renovar prótesis no es un fracaso, es el plan en sí.

  2. En torno al final del crecimiento

    Es la etapa en que por primera vez se plantea en serio la solución definitiva. En esta fase se termina la ortodoncia, se mide el hueso con una imagen tridimensional y se valoran uno a uno los dientes que quedan.

  3. El primer año tras la solución definitiva

    En este periodo se produce la adaptación a una nueva forma de masticar, se asienta el habla y se crea el hábito de limpieza. Las mediciones y radiografías iniciales se hacen durante este año; son la base de comparación de los años siguientes.

  4. Años siguientes

    En pacientes con oligodoncia seguidos más de diez años, la inflamación alrededor del implante fue frecuente. Por eso el seguimiento no termina con la noticia de que el implante ha sobrevivido; las mediciones de la encía y del nivel óseo se repiten a intervalos regulares.

No espere en estos casos

  • Si la prótesis no ajusta o el niño ha crecido deprisa. En la etapa de crecimiento, que la prótesis apriete, se mueva o haga llagas es algo esperable y requiere renovarla. Esta valoración corresponde al propio médico del niño; esperar afecta a la alimentación y al habla.
  • Si la corona sobre implante empieza a quedarse por detrás de sus vecinos. Que la corona quede por debajo del plano de masticación puede indicar que el maxilar que la rodea sigue cambiando. Es un hallazgo que hay que medir y registrar; la solución suele ser renovar la corona.
  • Si hay sangrado, hinchazón o supuración alrededor del implante o de la prótesis. La inflamación del tejido alrededor del implante no es rara en este grupo de pacientes y no cabe esperar que remita sola. Si se trata pronto, puede frenarse antes de que empiece la pérdida de hueso.
  • Si a la ausencia de dientes se suman diferencias en la sudoración, el pelo o las uñas. Sobre todo en los niños, esta combinación exige descartar un síndrome. Por el riesgo de que la temperatura suba con el calor, aquí el tema supera los límites de la odontología y corresponde al pediatra.

Qué determina el peso del plan

Aquí no encontrará cifras. Estos son los apartados que determinan el peso de un plan al leerlo:

Cuántos dientes faltan y en qué arcada
Unos pocos huecos en una arcada no son lo mismo que tener las dos arcadas vacías. Lo que hay en la arcada opuesta también determina el plan.
Si hace falta añadir hueso
En una zona con ausencia congénita de dientes, el hueso puede ser estrecho desde el principio. Si hace falta un procedimiento adicional solo se sabe con una imagen tridimensional, y cambia tanto la duración como el alcance del plan.
Papel y duración de la ortodoncia
Cerrar los espacios o abrirlos a la anchura adecuada es un trabajo que dura meses. Tiene que estar terminado antes de la solución definitiva.
Renovación y seguimiento
Los estudios con seguimiento largo muestran una necesidad de mantenimiento continuo, incluida la renovación de las prótesis. La frecuencia y el alcance del seguimiento deben hablarse desde el principio.

Preguntas frecuentes

¿Dónde está exactamente el límite entre hipodoncia y oligodoncia?

Sin contar las muelas del juicio, la falta de desarrollo de menos de seis dientes definitivos se llama hipodoncia, y la de seis o más, oligodoncia. La falta de desarrollo de todos los dientes se denomina anodoncia y es muy rara. Aunque el límite parezca solo un número, en la práctica importa mucho: cuantos más dientes faltan, menos se desarrolla también el hueso del maxilar, y el plan deja de consistir en rellenar un hueco para convertirse en reconstruir la boca en su conjunto.

¿La ausencia congénita de dientes es hereditaria? ¿La heredará mi hijo?

La causa es en gran medida genética y puede repetirse en la misma familia. Pero no hay una única regla de herencia: las distintas variantes de genes como EDA, MSX1, WNT10A y PAX9 producen distintas formas de transmisión y cuadros de gravedad distinta. Un mismo gen puede causar en una familia solo la ausencia de dientes y en otra acompañar a un síndrome. El lugar para responder a esta pregunta con cifras es el asesoramiento genético.

¿Se le puede poner un implante a mi hijo?

Esta decisión no es del ámbito de nuestra clínica, sino del propio médico y del ortodoncista del niño. Lo que dice la literatura es esto: el implante se integra en el hueso y no se mueve con el maxilar en crecimiento, por eso los implantes colocados en la infancia pueden quedar con el tiempo por debajo del nivel de los dientes vecinos. En la revisión, la supervivencia es del 72,4 % por debajo de los 13 años y del 97,4 % en adultos. En las recomendaciones de atención para la displasia ectodérmica, el implante en la zona anterior de la mandíbula figura como opción en niños mayores; también en la revisión sobre displasia ectodérmica aparece como alternativa a edad temprana la prótesis removible sobre dos implantes en la mandíbula. No son la regla, sino excepciones descritas para un cuadro concreto.

Si hay poco hueso, ¿no se puede poner ningún implante?

Tener poco hueso no cierra la puerta por sí solo; determina el plan. En la literatura se describen, en pacientes adultos con displasia ectodérmica, soluciones fijas o removibles con hasta ocho implantes por arcada, y la mayoría se hicieron tras procedimientos para añadir hueso. Por otro lado, en el seguimiento largo, la mayor pérdida de hueso alrededor del implante se vio en las zonas con hueso añadido. Es decir, que sea posible no significa que vaya a estar libre de problemas; la decisión es del médico que ve la imagen tridimensional.

¿Cuánto duran los implantes en estos pacientes?

En la revisión sistemática que reúne pacientes con dientes ausentes de nacimiento, la supervivencia de los implantes es del 95,3 % y la de la prótesis que llevan encima, del 97,8 %. En un estudio que siguió al menos diez años a pacientes con oligodoncia, la supervivencia a diez años fue del 89,1 %. En ese mismo estudio, la satisfacción de los pacientes fue de 8,3 sobre diez y las puntuaciones de la escala de impacto de la salud oral fueron favorables. Que la supervivencia sea buena no significa que termine el mantenimiento: la inflamación alrededor del implante fue frecuente en ese mismo grupo.

Si hay un diagnóstico de displasia ectodérmica, ¿cómo cambia el plan?

Cambian tres cosas. Primero, el calendario se adelanta: las revisiones dentales empiezan al año de edad y se repiten cada seis a doce meses. Segundo, el equipo crece; entran en juego el pediatra, el dermatólogo y el genetista, porque la escasa sudoración puede hacer que la temperatura suba con el calor. Tercero, el hueso: como el hueso alveolar se desarrolla claramente menos, la solución en la edad adulta suele incluir un paso para añadir hueso.

Todavía tengo un diente de leche, ¿debo extraérmelo?

No es una decisión que deba tomar por su cuenta. En la revisión, la supervivencia de los dientes de leche conservados es del 89,6 % y la tasa de éxito del 51,8 %; es decir, el diente suele quedarse en la boca, pero en la mitad de los casos se describe algún problema, como anquilosis, reabsorción de la raíz o quedarse por debajo del plano. Hay que fijarse en el estado de la raíz y en si el diente queda por debajo del plano de masticación de sus vecinos. Quien debe valorarlo, con una radiografía, es su propio dentista.

Fuentes

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